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13 de diciembre de 2019

random

soy una experta en comentarios random y sentir pena por mí misma al mismo tiempo. por ejemplo: siento que Aaron Paul ha de ser un tipo bien buena onda, no sería mi amigo porque nadie quiere ser mi amigo pero seguro por buen pedo me invitaría a sus fiestas. otro ejemplo: es cierto que soy muy buena planeando y organizando mis clases y que soy muy responsable al respecto, pero es que no tengo hijos, perros, amigos o vida social, me puedo dar tiempo para eso.  

últimamente me sucede que estoy viendo sola una serie o escuchando música, bañándome o viendo cosas en twiter, cualquier actividad de ocio en la cual estoy relajada, y de repente me pongo muy triste o muy enojada o me quiero morir. no entiendo por qué. me sucede sólo cuando estoy haciendo algo que no requiera una emoción definida. por ejemplo, no me pasa si estoy dando clases porque ahí estoy concentrada. no me pasa si estoy platicando con alguien o si estoy en una junta, aunque no esté participando activamente. no me pasa cuando estoy leyendo porque eso también requiere concentración y una emoción específica, por lo general. me pasa cuando voy caminando en la calle, en mi pedo, pensando. cuando voy en el camión, cuando estoy sola en la casa. si pasa que me pongo triste, está bien porque es algo que sé manejar. sólo me voy a un rincón a llorar y ya. cuando me enojo, me desespera porque me gusta saber la razón por la cual estoy enojada y así no puedo, me angustia el doble, y tampoco sé contra qué descargar mi ira, porque eso es lo que siento, ira. cuando me quiero morir, es paralizante. querer morirme no es algo nuevo, es un sentimiento conocido, pero que me dé así de la nada, de un momento a otro, es bien raro. no sé qué hacer. me dura poco, no más de una hora, luego me calmo y se pasa.

de vez en cuando las personas me preguntan que por qué estoy triste, que si me siento mal, y no me siento mal ni estoy triste. o lo pienso unos segundos y no sé si me siento mal y luego digo: a lo mejor sí me siento mal y no me había dado cuenta. tengo que caminar de puntitas conmigo misma para no hacerme sentir mal. tratarme con pinzas. y eso es muy cansado. no me siento mal, sólo estoy cansada de ser yo. es todo.

10 de abril de 2019

selfies









miren la verdá la luz de la lámpara o ausencia de ella me hace ver bien, bye.


6 de abril de 2016

nancy

para contar esta historia debo dar un poco de contexto: en el verano del 2015 me pasó algo muy malo. mi existencia iba bien, estaba viviendo en una ciudad que adoro con gente que adoro, tenía un buen novio, un trbaajo decente y bien pagado y de hecho estaba esperando una bonificación muy bonita para ese fin de año. no había nada especialmente malo conmigo además de esa pequeña insatisfacción adherente a la vida que todos sentimos. un día, comencé a  sentirme mal. me dolía la cabeza, dejé de comer, like, literal literal me saltaba mis comidas porque me daba flojera o se me olvidaba que tenía de comer, me sentía desganada, dormía muchísimo y dejé de bañarme. otro día en la mañana llamé al trabajo para avisar que estaba enferma y que no podía ir. y eso fue todo. no fui ese día, luego tampoco el siguiente, luego era fin de semana, luego no regresé el lunes. en el trabajo me buscaron como locos pero como soy foránea no tengo muchos contactos acá, nadie que me rastree. me desaparecí. fue super sencillo, de hecho. al mismo tiempo, me extrañó mucho de mí misma porque si bien no soy la más responsable, sí soy el tipo de persona que se aparece en el trabajo aunque esté muriendo. 

no sé cómo funcione la depresión, no sé si haya sido eso pues nunca fui al médico pues parte de mi condición era no tener nadita de ganas de levantarme de la cama. de pronto mis cobijas pesaban kilos y no me las podía quitar de encima y luego se volvieron parte de mi piel. también fue muy fácil disimularlo. mi roomie se iba temprano a trabajar y cuando regresaba yo pretendía haber ido al trabajo, al novio lo veía sólo unos días a la semana, los fines, y por un tiempo conseguí convencerlo de que no tenía ganas de salir o estaba enferma o tenía ganas de tener sexo en la cocina, lo cual siempre lo hacía venir a mí. 

después de cuatro semanas me asusté. estaba bajando drásticamente de peso, no estaba nada bien de mi cabeza, estaba pensando cosas que me asustaban, oyendo voces, viéndome a mí misma por la ventana tomando el camión en la calle, todo muy chistoso. además sabía que el dinero no me iba a durar toda la vida, tampoco soy rica como para poder financiar una depresión. 

el día en que sucedió lo que voy a contar yo estaba a punto de volverme loca. tenía muchas ganas de morirme y sabía que si me quedaba sola en casa, lo haría. entonces llamé al novio para decirle que comiéramos juntos. era un día soleado, triste el mundo, triste yo. novio trabajaba por metro chapultepec y fuimos a una fondita para oficinistas y olía a oficinista: perfume barato, sudor y cigarro. me sentía muy mal pero actué normal y sonreí lo más que pude. él regresó al trabajo y yo decidí caminar todo pasea de la reforma, pensé que me haría bien. el paseo de la reforma es muy largo pero tiene una vista muy bonita. me gustó ver a los desempleados sentados en las bancas, a los trabajadores amontonados en los camiones, a los ciclistas, me gustó ver el tráfico, ver todo eso y me gustó pensar que yo no estaba siendo parte de nada de eso. me detuve en un semáforo en rojo para cruzar la calle y un tipo alto se detiene a mi lado. ¿estás bien?, me preguntó. ¿qué?, le dije, que si estás bien, te ves enojada, me dijo. sonreí y le dije que estaba bien. sonríes muy bonito, deberías hacerlo más, me dijo. me reí, dije gracias, y seguí caminando. dos cuadras después me alcanzó. caminas muy rápido, me tardé en alcanzarte, me dijo sonriendo. lo miré: era alto, moreno, calvo, vestía un traje muy elegante y tenía acento extranjero. me llamo luis, se presentó. me llamo maría, mentí. ¿para dónde vas, maría? hacia la alameda, ah yo voy aquí adelante, vivo cerca, ¿puedo caminar contigo, maría? está bien, dije. comenzó a hacer y responder preguntas: trabajaba en la embajada americana, vivía solo sobre esa misma avenida, le gustaba bailar, le encantaba el d.f. aunque sólo habíaâ visto la parte bonita porque en el trabajo no lo dejaban salir de esa área, su edificio tenía alberca y gimnasio, me lo presumió mucho. yo inventé que era maestra y que venía del trabajo y que era más joven de lo que en realidad soy (siempre me creen). aquí vivo yo, me dijo. estábamos frente a un edificio de lujo, de esos que parecen hoteles y tienen guardias a la entrada y muchísimos pisos y seguro un penthouse. ¿quieres subir? me preguntó, te muestro la alberca y el gym, y la vista, que es muy bonita. 

lo consideré. más contexto: tengo un fetiche super raro con el interior de las casas ajenas. siempre que tengo la oportunidad me asomo al interior de las casas, lo cual es muy grosero, lo sé, pero no puedo evitarlo. si tuviera un superpoder, me gustaría ser invisible para poder meterme a las casas de las personas y verlas estar ahí, verlas mirar la tele, lavar sus platos, dormir. toda mi vida había querido ver el interior de uno de esos edificios de lujo, imaginarme a la gente que ahí vive, sus rutinas. entonces mis opciones eran: entrar con luis el desconocido que tal vez fuera un asesino en serie, demente violador, y correr el riesgo de que me matara, lo cual estaba bien porque de todos modos yo estaba queriendo morirme un chingo ese día, right? o entrar y que me violara o hiciera algo malo sin matarme y pues podía bajar y avisar a los guardias. a mi parecer, it was a win-win situation. claro! subamos, le dije.

en el elevador yo le iba platicando de las montañas que había en mi ciudad natal. llegamos al piso de la alberca: hermosa, había un jardincito con sillas y mesas y plantas de verdad para que la gente se sentara a leer, había un sauna y un gimnasio y un spa. cuando vengas a visitarme te puedes quedar todo el tiempo que quieras, me dijo luis el desconocido. me hubiera gustado la idea de haber estado en un mejor estado de ánimo. vamos a la azotea, le dije. subimos. la azotea estaba sola, podía ver toda la ciudad. el bosque de chapultepec, paseo de la reforma. las personas hormiga. la ciudad hormiga. ¿me sentiría igual de mal si estuviera viviendo ahí, así? me pregunté a mí misma. 

¿te sentirías igual de mal si vivieras así?, me preguntó luis.

lo miré. estaba al borde del edificio, sobre una cornisa. de pie, brazos extendidos, ojos cerrados. el viento soplaba suave, todo muy bonito.

no sé si saltó o sólo quería asustarme. me fui. salí sola del edificio. caminé hasta la alameda y tomé el metro a casa. el metro olía a metro: sudor, carne y muerte.

28 de enero de 2016

dientes



1- se me hizo tardísimo para llegar al trabajo, así que en vez de estresarme decidí dejar de intentar llegar a tiempo. esperé un camión que viniera vacío y luego tomé la ruta equivocada. me enteré por el radio que venía escuchando el conductor de que estábamos a 3 grados. eso no se sentía como tres grados, pudieron haber sido diez, catorce. el frío es siempre el mismo en esta ciudad.

2- me perdí en san jerónimo y pasé por un taller de máquinas de escribir. ¿habrá quién todavía tenga máquinas de escribir, que las use y que las mande a reparar? supongo que sí, supongo que por eso existe ese taller. me gustó el letrero desgastado que colgaba de la entrada.

3- regresando del trabajo, el metro estaba cerrado. no dejaban entrar a nadie de la estación, tal vez alguien murió hoy en el metro.

4- salí a caminar y vi a un chico que traía un mate. se me antojó uno.










28 de mayo de 2015

Rebeca






hoy amanecí en tu casa. dormí abrazada a ti y en la mañana, mientras te estabas bañando, me robé uno de tus libros. cada vez que me dejas me robo una cosa tuya: una hoja de libreta, una carta de una ex novia, un llavero, una foto, el suéter de la muchacha a la que ves los martes. pero no te sientas especial, lo hago con todas las personas que conozco. por ejemplo, cada vez que visito la oficina de mi jefa, me robo sus post-it, y todo el tiempo tomo marcadores y/o plumas del escritorio de mis compañeros. la vez que fui a la oficina de tu jefe, me llevé una pequeña bicicleta de juguete que tenía de adorno y creo que nadie se dio cuenta. me llevo cosas porque me sirven para comprobar que no estoy soñando. son como anclas a la realidad, pruebas de que las cosas sucedieron. casi siempre son cosas pequeñas y sin importancia. una vez fuimos al museo del juguete, me robé la cabecita de un muñeco. todas las cucharas que tengo son de restaurantes. ¿recuerdas cuando perdiste tus llaves? adivina quién las tiene.






2 de mayo de 2015

el mejor día de mi vida



I.

odio a U2. daniel tiene su último disco en su celular porque venía de regalo y me parece el peor disco del mundo. sus canciones son horribles.


II.

cuando tenía 12 años estaba deprimida. no podía levantarme de la cama. supongo que la adolescencia me pesó mucho, a lo mejor le pasó a todos. el caso es que una vez estaba teniendo uno de esos días malos y pesados y estaba tratando de fusionarme con mis colchas cuando en la tele pusieron el video de U2 de la canción A Beautiful Day y la escuché toda. yo no sé que fue, y me avergüenza que uno de los momentos más trascendentales de mi vida haya sido con una música tan mala de fondo, pero de repente me sentí ligera. todo lo que me pesaba, todo lo que me ataba a mi cama, desaparecía como si se derritiera. fue como tomar topo chico con limón y sal cuando estás teniendo agruras. me sentí fresca. no todo se arregló de inmediato, pero supe que en ese momento ese era mi fondo, no quedaba más.


III.

hace un año estaba tocando fondo. no voy a decir que pude haber muerto porque de haber querido morir lo hubiera hecho. además morir no significa nada. así como este atardecer no significa nada. así como recordar las pedas de preparatoria que no tuve no significa nada. así como el hecho de no estar no significa nada. así como la sensación de estar sola no significa nada. así como verme a mí misma sirviéndome otra copa de vino no significa nada. así como  apagar el cigarro no significa nada. así como querer no significa nada. así como tus cabellos en mi boca no significan nada. así como tus dedos sobre la suya no significan nada. así como llegar de día a la casa no significa nada. así como tener tus manos en mis manos no significa nada. así como estas palabras no significan nada. a la mierda con la semántica. no significas nada.